Lastre al mar

Hablé tanto conmigo mismo,
que al final me entendí y logré salir del pozo,
miré a mi alrededor y solo veía abismos,
antiguos sacrificios rotos por mi mano,
miles de fortalezas y castillos derrotados,
me puse a trabajar y entre sudor y lágrimas fueron reconquistados,
a veces me sentí solo, creía que yo era el malo,
pero el tiempo me contó su secreto mejor guardado.

Una madre no abandona lo que tuvo dentro,
no todas las personas son iguales, comento,
Madre no hay más que una. No, eso no es cierto,
aprendí que hay que vivir para dar un buen argumento,
una madre te apoya y te da cariño,
ella ve cuando estás mal y te anima con un guiño,
sufre cuando tú sufres y no quiere que te hagan daño,
y aunque tengas treinta años… siempre serás su niño,
necesario como un padre que te ayuda a levantarte,
que te espera en el sofá cuando vas a llegar tarde,
que no te compra con regalos, solo busca que seas grande,
que te quiere, seas alto, bajo, gordo, flaco, valiente o cobarde.
Los hijos por delante siempre para que no sufran penas…
la abuela decía que no, que tienen que pasar las malas y las buenas,
que una buena madre no lo puede ser cualquiera,
y que nunca se deja a un hijo hasta que no veas que vuela.

Aprendí que no se elige la vida, es la que te toca,
que con esfuerzo y lucha puedes cambiar la ruta para acercarte a otra,
derramé mil lágrimas en el mar, luego tomé nota,
el mar nunca sería mar sin los ríos que desembocan.
He aprendido que todos necesitan esa mano amiga,
pero cada día escasea más, es más, no hay quien la vea,
¿Quién te cura las heridas? ¿quién te mima? ¿quién te cuida?
a fallo y error estoy cosiendo mi vida.
Dime donde estabas cuando no tenía ni ropa,
cuando el miedo me acosaba y tu papel lo hacía otra,
tranquila, ahora no te necesito, ya tengo la cara rota,
saco lo positivo de esto, aprendí a levantarme tras cada derrota.

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