Llegar a puerto

Me encierro en mi cuarto, pienso en Arenas,
a veces me pregunto como fue su adolescencia,
mi conciencia me taladra y me desquicia,
me gustaría salir y no volver hasta traer buenas noticias,
por mi familia, sobretodo mi hermano,
le he vuelto a decir que tiene que dejar de ladrar y empezar a dar bocados,
le he inculcado lo bueno y lo malo,
se me rompe el corazón pensando en cuando caiga y no esté para levantarlo,
por ella, por su motivación diaria,
porque solo hay una, pero trabaja como varias,
sé que sufre y por eso se merece un templo,
por su ejemplo pido perdón y doy las gracias.
Por los tiempos en los que no me levantaré,
sin una dosis de antidepresivos y un café.
Amigo, te lo repito, no, no me conformo con estar aquí,
si sigo es porque aún lucho y no me rendí,
lo vi y con él aprendí que la victoria está en resistir,
como quien aguanta torturas de un guardia civil,
sigo por la gente que mi mente y corazón ensanchan,
por guerreros como Manuel, Santiago y Arancha.
Por eso aprovecho el momento,
no quiero dejar un vacío cuando esté muerto,
a pesar de que mi madre siga al borde del infarto,
aunque se destroce el barco llevaré mi vida a puerto.
Tenemos un futuro incierto, un presente realmente crudo,
de la miseria no nos salvó ningún credo,
nene, mira estas calles, este barrio demacrado,
mira estos rostros que están para el arrastre,
busca tu alegría en el espejo… ni el perro encuentra el rastro,
¿Recuerdas cuando por poco no sales de allí?
cuando llorabas porque te negaban hasta un mísero vis a vis,
lo repito, mover mierda no es cosa de luchadores,
y regalar flores… no hace la vida menos gris.
Esto no es una mala racha, es la vida de obrero,
algún día entenderás que aunque sonría no quiere decir que sepa hacerlo,
Este camino tiene un presente muy gris y un futuro mucho más negro,
te lo digo yo, ya está acostumbrado a las pulgas el perro callejero.
Volviendo pensaba en aquellos tiempos duros, noviembre del 2000,
como la rabia que sentí aquel uno de abril,
lo sentían también los militantes clandestinos en París,
los que sembraban las semillas que hoy intento recoger aquí.
Le cuento al perro el futuro que me labro, el presente que celebro,
mi compromiso aumenta abriendo un libro, la calle y algún cerebro.
no espero un milagro, tiño los días negros,
de gris oscuro… ya irá clareando con el tiempo.
Ya tengo puestos mis cimientos, te ayudo si encuentras un buen camino,
no te miento si te digo que voy mejorando, es cierto,
no me importa si no piensas en lo que digo.
pero por favor, coge un remo y ayúdate a llegar a puerto.

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